Oda a Youtube

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Oda a Youtube

En memoria del poeta José Ignacio Montoto

 

 

Y ahora que existen tutoriales para todo

cómo justifico el no saber limpiar

estas manchas que ensucian el mantel.

 

Mides el ahora en vídeos por segundo

– RAM que coquetea con ser memoria-,

sacudes con un fotograma la bolsa internacional

y mis certezas

tan trágica es tu monotonía de códigos binarios

en la que. hombres peinan monos eternamente,

eternamente gatos se besan y bebés caen con gracia de una silla.

Ayer vi a un crío pedirle a Europa pan en bucle

y a él justo silenciando la pestaña

porque la lengua del hambre es sorda por defecto.

 

Y, aun así, te miro extasiado a los ojos fijamente

mientras froto la tela con esmero

y ejecuto tus órdenes con frágil exactitud.

Me siento sucio, aunque el jabón resbale entre mis dedos,

oh, cajita de búsqueda, pequeña diosa omnisciente,

te pido ayuda,

te pido que me lo expliques de otra forma

porque no entiendo qué hacer con esta mugre

que es toda la leche que derramó mi madre

que es el sudario que esconde mi rostro de hombre sin pretextos

pero tú te tuerces e idéntica no cambias tu postura.

Políglota me ofreces unos subtítulos:

eres tan terca, tan exacta,

y con el millón de visitas te hiciste verdadera:

ya no hay espacio para las disculpas en los comentarios,

ya no hay quien se resista a los treinta segundos patrocinados para verte,

para que todos aprendamos a hacerlo todo sin excusas,

hasta desear la soledad ruidosa de las pantallas

o esconder las manchas más persistentes.

 

Y yo aún recuerdo cuando de pequeños nos ensuciábamos las manos

y no existía el temor de no limpiarlas,

entonces nadie te valoraba con cinco estrellas

y la muerte no sucedía tan solo con el cierre de una cuenta.